Identidad y Dignidad

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El miedo no es una escena única,

un vocablo aislado,

una sola cosa. O una sombra que pasa.

El miedo

es una escuela con muchos niños.

Un patio de recreo.

Una persona que no quiere ser persona

y se queda en el salón de clase

escondiendo

un ratón blanco en el bolsillo del suéter, o en las mangas del suéter.

Alfredo Espinosa Quintero


Durante mucho tiempo, las personas con una orientación sexual distinta a la heterosexual han sido objeto de linchamiento moral, excluidos social y políticamente. La diversidad sexual es en sí un concepto cargado de prejuicios y miedos, es por eso que los adultos tengan tanto temor de acercarse e informarse. Esto genera ignorancia, marginación y sufrimiento, incitando también a la violencia y el estigma.

Es importante mencionar que fue en el siglo XII que la teología cristiana comienza a perseguir a las personas con preferencia erótica hacia su mismo sexo y a equiparara con la herejía. Toda practica sexual que  no tenga el fin de procrear será castigada e identificada contra natura. Esto propiciará que la homosexualidad sea penalizada e identificada como algo perverso. Con el paso del tiempo, los argumentos científicos se han ido separando del discurso moral y religioso, demostrando que la homosexualidad no es una anormalidad y posteriormente descalificarla como patología.

La herencia del pensamiento religioso y su apego al derecho y la sociedad generó una persecución de las personas con orientaciones sexuales distintas, En España, Alemania y otros países europeos se establecieron campos de concentración y centros de tortura, en el México del porfiriato se mandaban a los homosexuales a trabajos forzados en Yucatán y después de la revolución mexicana se instalará el pensamiento del nuevo cuerpo de la nación donde la figura del hombre no permitirá ningún tipo de comportamiento distinto al del macho luchador, trabajador y viril. Si bien las naciones moralistas y pacatas de derecha lo castigaban socialmente, los gobiernos y revoluciones comunistas también, como fue o es el caso de Chile, Cuba y Rusia.

Fue en 1973 cuando el colegio de psicólogos estadounidense desiste del diagnostico de la homosexualidad como una enfermedad. Si bien, los argumentos han ido avanzando, la aceptación social no ha tenido el mismo progreso. La lucha por los derechos de la comunidad LGBTTTI ha sido dura y a veces lenta, no fue sino hasta el 17 de mayo del año1990 cuando la Organización Mundial de la Salud retiro a la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales. Esta medida generó un gran impacto y estableció las bases para futuras legislaciones y normas en el reconocimiento de los derechos humanos de esta población.

El nuevo milenio llegó con grandes avances, nuestra generación hoy tiene derechos de salud, laborales, al matrimonio, a la adopción y cambio de nombre e identidad sexual aunque lamentablemente no se replica en todos los estados de la República Mexicana. Estos progresos son una realidad en muchos países como Sudáfrica, Canada, Nueva Zelanda, Argentina, España, Francia y una veintena mas. Sin embargo podemos notar que los grupos neopuritanos siguen ejerciendo presión como en el caso de Brasil, México y Estados Unidos. Estos 3 países encabezan la lista de las naciones con más católicos y en ese mismo orden, las cifras más altas de crímenes de odio.

En la era de la hiperconectividad, de los grandes adelantos culturales y científicos seguimos siendo perseguidos, señalados y discriminados. Aún hay alrededor de 80 países donde somos tratados como criminales y no importa cuanto avance tengan en sus economías y políticas, la falta de garantías en los derechos de millones de homosexuales, lesbianas, bisexuales y transexuales dejan una gran deuda y responsabilidad internacional. En México los avances son grandes pero desmontar la cultura que tenemos de misoginia, machismo y homofobia es el gran desafío de nuestra generación.

Vivimos en un país donde 4 de cada 10 mexicanos no aceptaría vivir con un homosexual, donde el 42% de la policía y 35% de las congregaciones e iglesias son intolerantes con nosotros y donde existen esfuerzos por corregir la orientación sexual e identidad de genero (ECOSIG) sin control o regulación alguna, seguimos siendo violentados y es la obligación del Estado crear mecanismos que garanticen nuestros derechos. En una nación democrática donde ningún candidato presidencial ha fijado una postura publica hacia nuestra comunidad, hace falta definir acciones en materia de protección de las personas LGBTTTI y no seguir dándonos la espalda en pos de cuidar los votos de los grupos conservadores, homófobos y discriminadores. Pero también es nuestra obligación personal y cívica promover nuestra integración social desde el seno de la misma comunidad. Hoy, 17 de mayo en el Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia (IDAHOT), debemos reconocer la dignidad, comprender y aceptar las distintas condiciones fuera de la normativa heterosexual. Por que no es suficiente con una indulgencia, exigimos el respeto a nuestros derechos.

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