Eres vitalismo y pesimismo

El paseo I

El único destino seguro es la muerte, la muerte nos concierne a todos. Nos otorga la vida eterna en el recuerdo de los vivos pero también la inevitable desaparición de todo lo que amamos. Es por eso que eres vitalismo y también pesimismo.

Siempre presentí que vivirías eternamente en todo lo que me rodea, en la brisa salada de la ría y los paseos interminables en autobús, en los pisos envejecidos y las cortinas floreadas de aquellas casas olvidadas, en las grandes gafas de pasta multicolor y la fantasía, en las ofrendas a tus muertos y en la belleza de los vivos.

El único hubiera que puedo permitirme, me lo permito en sueños, en ellos puedo imaginar cómo hubiera sido el ahora si estuvieras tú.

 

Infancia recobrada

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Infancia Recobrada, 2017. Acuarela sobre papel de algodón. 

Remontémonos, si es posible, por medio de la imaginación retrospectiva, a nuestras impresiones más tempranas, aurorales; reconoceremos que guardan un parentesco singular con las impresiones, vivamente matizadas, que tuvimos más tarde tras una enfermedad física, siempre y cuando esta no perturbara nuestras facultades espirituales. El niño ve en todo novedad; está siempre ebrio. Nada se parece tanto a lo que llamamos inspiración como la dicha con que el niño absorbe la forma y el color.

Charles Baudelaire. El pintor de la vida moderna, Fragmento.

Volver a mirar a través de ojos de flor de ciricote.

Antifaz de ciricotes

Mascara de ciricotes. Acrílico sobre tela. 100 x 70 cm.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
fiel hasta el fin del camino y tu vida,
no eches de menos un destino más fácil,
tus pies sobre la tierra antes no hollada,
tus ojos frente a lo antes nunca visto.

Luis Cernuda, Peregrino.

La cordia dodecandra es un árbol de preciosa madera, comúnmente llamado “Ciricote”, originario del sur de México, Guatemala y Belice. Su fruto es delicioso al cocinarlo en almibar y mi madre era una experta en su receta. Sus hojas son grandes y asperas como una lija y se utilizan para la limpieza cotidiana, sus flores crecen en enormes racimos y son de un hermoso naranja intenso.

Mis juegos de niño transcurrieron bajo un hermoso árbol de ciricote que había crecido en el patio desde antes que mis padres construyeran la casa. Recuerdo el crujir de sus ramas secas, y el tapete de flores naranjas que me regalaba en el mes de mi cumpleaños. Recuerdo con tristeza como te viniste abajo con el huracán Isidoro, aún así nos regalaste un poco de vida los años siguientes.

Sus pétalos me permitieron pintar por primera vez, cuando leí en un libro de primaria de cultura maya que podía crear pigmentos con plantas e insectos. El resultado era un ocre pardo, pero de fijación muy efímera. No sabia que tenía que mezclarlo con sal.

En mi memoria conservo tus olores, tus colores, tus sabores y tus sonidos. Cada vez que quiero mirar con aquellos ojos, me pongo mi antifaz, mi mascara de flor de ciricote y regreso a ese edén perdido.

Ojos de flor

Hay situaciones que te hacen sentir mas vulnerable que el estar desnudo, representarte desde el origen y evocar memorias infantiles, el descubrimiento de sí mismo como un ser sensible, reconocer que desde el principio sabías que te entregarías a las cosas bellas y decadentes. Esto fue lo que ocurrió con mi ultimo trabajo.

Descubrir un poema de Alfredo Espinosa Quintero, me permitió observar con detenimiento mi pasado en uniforme de escuela católica, regresé a mirar a través de unos ojos de flor de ciricote. Tal y como lo hacía cuando me ocultaba en el patio de mi casa para pintar, para observar el aplastante cielo azul maya y soñar.

Flor de ciricote triptico I

La palabra joto

siempre logra que un niño se esconda

y salga de sus ojos disfrazados. Y salga

menos joto. Cuidando los ojos

y los que miran los ojos.

imitando, aprendiendo,

militarizando el vuelo de las manos:

su certeza de pájaros navieros

sobre el mundo que queda, que se hace olas.

Flor de ciricote triptico II

El miedo no es una escena única,

un vocablo aislado,

una sola cosa. O sombra que pasa.

El miedo

es una escuela con muchos niños.

Un patio de recreo.

Una persona que no quiere ser persona

y se queda en el salón de clase

escondiendo

un ratón blanco en el bolsillo del suéter, o en las mangas del

        suéter.

Flor de ciricote triptico III

Que le abran los ojos a mamá

como una niña se los abriría a la abuela que finge dormir,

y me viera;

eso es el miedo.

Que tus hermanas descubran

que en la secundaria

te gritan colores rosas cuando pasas cerca.

La palabra joto

es un niño que siempre alguien está por descubrir

y tiene miedo. Y solo un ratón caminando

por las mangas del suéter.

Alfredo Espinosa Quintero, Joto. Fragmentos.

El saberse diferente, entre puertas y ventanas.

Cuando comencé el proyecto de “Miradas Calizas”, tuve dos cuestionamientos. El primero fue acerca de mi trabajo, el cual siempre se centra en el cuerpo y el rostro, en su belleza y la vulnerabilidad de la piel. El segundo era acerca del significado que le daba a las raíces culturales, a los orígenes.

El concepto de vulnerabilidad y del origen, me llevaron a un repaso de mi infancia en el sur de Mexico. Un intimo reflejo de mis miedos y de la construcción de una atmósfera alterna que desde pequeño fui construyendo para evadir la verdadera realidad.

Puerta de tierra

Puerta de Tierra. 2017. Impresión digital, acuarela y tinta china sobre papel de algodón.

Entonces uno se conforma

Poco a poco se acomoda a la rutina 

que aniquila este deseo de ser alguien,

la tristeza de llegar a serlo.

Sigue un lento remar sin pausa. 

 

Rodolfo Lara Mendoza, Fragmento. 

Puerta de mar

Puerta de Mar. 2017. Impresión digital, acuarela y tinta china sobre papel de algodón.

Miradas Calizas me hizo volver a las calles de Campeche, de los barrios de San Francisco, de San Román y de Guadalupe, enamorarme una vez mas de Lerma. De encontrarme con esas puertas y ventanas que siempre permanecen cerradas, de sus muros que la humedad intenta derruir y que el tiempo pinta con gran experiencia, de los pisos de pasta que solo mi infantil mirada baja me permitía apreciar.

historia de una ventana

Historia de una ventana. 2017. Impresión digital, acuarela y tinta china sobre papel de algodón.

La melancolía es el tema que subyace en todo lo que pinto, los colores intensos vienen de mi bandera, las patinas de mis experiencias. El cuerpo y el rostro solo es un medio para expresarlo, para darle forma a la belleza que no oculta sus pasiones, sus temores y su historia.

Miradas calizas en CDMX

post redes

Mañana, 9 de noviembre a partir de la 7pm están invitados a visitar mi reciente proyecto titulado “Miradas calizas”, un trabajo que explora mis recuerdos infantiles en Campeche pero también el presente, a través de la pintura, el dibujo y el collage digital. 
Una obra intima, de intensos colores y nostalgia manifestada en papel y lienzo.
 
La muestra estará abierta del 9 de noviembre al 7 de diciembre en Santa Rosalía 114, Insurgentes San Borja, al sur de la Ciudad de México. 

Puesta de sol en Lerma.

Puesta de sol en Lerma

17. Me acostumbré a guardarte, a llevarte lo mismo
que lleva uno su brazo, su cuerpo, su cabeza.
No eras distinto a mí, ni eras lo mismo.
Eras, cuando estoy triste, mi tristeza.

Eras, cuando caía, eras mi abismo,
cuando me levantaba, mi fortaleza.
Eras brisa y sudor y cataclismo
y eras el pan caliente sobre la mesa.

Jaime Sabines, Algo sobre la muerte del Mayor Sabines. Fragmento.


Las fotografías son injustas, terriblemente limitadas,
esclavas de un instante perpetuamente quieto.
Una foto es como una estatua: copia del engaño,
consuelo del tiempo.

Cada vez que veo la fotografía me digo: no es ella.
Ella es mucho más.
Así, todas las cosas me la recuerdan para decirme
que ella es muchas cosas más.

Jaime Sabines, Doña Luz. Fragmento.

 

*Ilustración realizada en tinta y acuarela / Mixed media.