Saturnino y el cuerpo de los dioses.

Hoy, 8 de octubre del 2018, se cumplen 100 años de la muerte del pintor Saturnino Herrán. Considerado una de las máximas figuras del renacimiento estético mexicano del siglo XX, Saturnino tenia apenas 31 años cuando recibió el beso de la muerte.

Saturnino Efrén de Jesús Herrán Guinchard nació el 9 de julio de 1887 en Aguascalientes, de Padre mexicano y madre suiza, se muda a Ciudad de México en 1903, asistió a las clases del genial Julio Ruelas (es posible ver la influencia de Ruelas sobre todo en sus primeros trabajos), fue alumno de la Escuela Nacional de Bellas Artes y compañero de Roberto Montenegro y Diego Rivera. Alumno de Antoni Fabrés, es notable la influencia del barroco y el modernismo español. Sin embargo como mencionó el historiador Jorge Manrique Castañeda, la obra de Herrán renovaría la pintura mexicana, representando las aspiraciones y el carácter nacionales, reflejando la situación que vivía México tratando de entenderse así mismo como diferente y no como igual a Europa, el ideal propio.

Fue compañero inseparable de Ramón Lopez Velarde sin embargo su noción estética lo llevó a unirse al movimiento muralista y no tanto al Ateneo de la Juventud. Herrán fue criticado por sus imágenes manieristas y afeminadas contrastantes a la escena de nacionalismo y trabajo, sin embargo el mestizaje, la espiritualidad y la belleza racial de su obra trascendería a aquellos reproches que vivieron las y los creadores que no se apegaron totalmente a los ideales nacionalistas de la época.

Es interesante mencionar algunos datos en la obra de Saturnino Herrán como su obsesión con la bailarina española Tortola Valencia, mujer lesbiana, vegetariana y budista que acabó con el corsé e influenció la obra de Herrán. En La dama del mantón admiramos un heroica composición donde la androgina maja de lineas limpias se envuelve en eróticos colores. La barrera de los prejuicios son derribados cuando Saturnino se auto retrata vestido de tehuana en una de las obras mas hermosas de la plástica mexicana, donde el deleite de travestirse es irreprochable e imposible de ocultar frente a los ojos de una moral que aún nubla la percepción estética de los críticos e historiadores que no quieren ver lo evidente.

El cuerpo de los dioses mestizos y el gozo de la sensualidad, la pletora de la vida y la renuncia al miedo y a la muerte, son figuras recurrentes en la obra de Herrán, resueltas de manera conmovedora y magistral que nos dejan un legado de gran belleza donde la “mexicanidad” es solo un discurso para dar paso a la verdadera fuerza provocadora del pintor.

Miedo

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No es necesario que razones, que cuestiones, que resistas, que transformes. No permitas que la duda corrompa tus ideales, aquellos que desde niñx te impusieron y que ahora tu impones desde el privilegio de ser lo “normal”.
En algunos momentos de perspicacia, admites que esas normas son irrealizables e idealizables y recuerdas que conforme creciste, te diste cuenta que eran imposibles de sostener, aprendiste a sobrellevarlas y disfrazarlas, a caminar en la oscuridad de los vacíos de aquella ley moral. Pero no te educaron para ser la “otredad”, por eso prefieres el silencio y la gobernabilidad.
Sabes muy bien que lo “diferente” conduce al señalamiento, y por ende a la angustia y al rechazo. Es por eso que tu vida se sostiene en el ideal más que en la realización, sabes muy bien que el encargo es imposible pero la hipocresía es mas amable que la conciencia.
Tienes miedo de transformarte, de encontrarte.

El bolero, una manera de morir de amor.

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Pensé en las insoladas plazuelas de Umán, Tekax y Motul, en los perros dormidos en una tarde lentísima. Aquellos tríos de guayaberas prestadas habían salido de ahí para perpetuar una de las más peculiares tradiciones yucatecas: las complicadísimas maneras de morir de amor.

Juan Villoro, Palmeras de la brisa rápida, 1989.

Las raíces del bolero se encuentran en los compases de la contredance francesa, ritmos surgidos en los salones de baile parisinos que primero viajaron a España a mediados del Siglo XVIII, para posteriormente iniciar su travesía al continente americano tocando tierra en la Isla de Cuba, donde se fusionarían con el danzón y la habanera, asimilandose a finales del Siglo XIX. La unión del folclore cubano y la contra danza europea originarían el género más emblemático de América Latina, el bolero.

Sin duda el género forjaría su espíritu en la melancolía y el desamor, como lo demuestra “tristezas” el primer bolero, autoría de Pepe Sánchez. El padre del bolero y la trova nació en Santiago de Cuba en 1857.

En 1888 se estableció la ruta naviera nueva entre Cuba, Yucatán y Veracruz. Y el poeta con guitarra es sin duda un ser aventurero aquejado por el mal de Saturno; Seguramente en una tarde habanera pintada de malva, un trovador cargado de “tristezas” se despidió del ron y el tabaco para amanecer en el puerto de Progreso llevando de contrabando las semillas del bolero. De una tierra de pasiones a una de las regiones más conservadoras de América, el bolero se convertiría en la expresión del deseo, el sentimiento y la desdicha.

Enrique Galaz Chacón, El Curro, tenía 18 años cuando compuso “Madrigal”, tomando los versos de un poemario de Carlos R. Menéndez (fundador del Diario de Yucatán). El bolero fue interpretado por el dueto Ponce Galaz durante las fiestas patronales del Santo Cristo del Amor, en agosto de 1918. Con este acontecimiento, salpicado de metafísica y flores tropicales, la tradición del bolero y la trova yucateca había nacido y con ella, la mas peculiar forma de morir de amor.

Y de la elegancia de la guayabera y la filipina, de las influencias de Cuba y de Colombia, los acordes y las letras nos recordarán el amor a la “antigua” no sin reconocer que en muchos casos fueron expresiones de arrebato pasional e idolatría. En 1921, Felipe Carrillo Puerto envía a una comitiva (entre ellos se encontraba Ricardo Palmerín) para cantar en la celebración de los cien años de la independencia. El efecto de los boleros se propaga en la bohemia Ciudad de México entre los ambientes de cabaret, los círculos intelectuales y políticos, y la marginalidad de la pasión fugaz de la que Agustín Lara será el mayor exponente. Una de las canciones más sonadas de la época es “Presentimiento” del compositor campechano Emilio Pacheco y letra del español Pedro Mata:

El día que cruzaste
por mi camino,
tuve el presentimiento
de algo fatal.
Esos ojos, me dije,
son mi destino,
y esos brazos morenos
son mi dogal.

El bolero en muchas de sus letras guarda un significado oculto y contradice la institución moral, es por eso que en varias ocasiones fue motivo de escándalo y condenado grupos conservadores del país y por la Iglesia. Como escribió realmente Agustín Lara, “aunque no quieras tú, no quiera yo, ni quiera Dios”, el bolero se fue perfilando como la música de la letra de doble sentido, de un sentimentalismo fatal y de la seducción de lo prohibido. En esta etapa, las mujeres protagonizan la escena del mundo raro y de la pasión del amor extraño (Olga Guillot, Elvira Rios, Luisa Landín y Toña la Negra,  entre otras).

Las canciones populares de los hogares mexicanos son el recuerdo “decente” de la abuela y las noches melancólicas de Mérida o de Veracruz, son tambien los ojos tristes de Guty Cárdenas, los labios purpurinos de Alma Reed, la verdad amarga de Consuelo Velázquez y la espinita que mata de pasión de Nico Jimenez. Son registros vivos de nuestras ilusiones y apetencias, del fariseísmo del auténtico querer en nuestra educación sentimental.

Vivir, acostumbrándose a morir.

Vivir, acostumbrándose a morir. Acrílico, tinta y grafito sobre tela, 2018.

La moral de los seres bellos consiste en poder sustraerse a todo deber. La belleza no tiene tiempo de ser responsable cada vez que se manifiesta la influencia de su fuerza imprevisible. La belleza no tiene tiempo de pensar en la felicidad, y todavía menos en la felicidad ajena… Pero es precisamente por eso por lo que la belleza tiene el poder de hacer feliz a quien está preparado para morir sufriendo.

Yukio Mishima, El color prohibido, 1951.

Desde las hipócritas formas sociales en las que estamos embebidos, a veces asoman momentos de lucidez y renunciamos al control. Esta pérdida de poder nos conduce a experimentar un hermoso olvido de sí mismo, y es en esa disolución del ego donde la fuerza subversiva nos lleva al edén perdido.

Es por eso que insisto, hay que vivir, acostumbrándose a morir.

Dueños de nuestra memoria

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Hoy, hace 40 años, 3 agrupaciones de hombres y mujeres gay salieron a las calles de la Ciudad de México a demostrar su rebeldía gritando: “¡No hay libertad política sino hay libertad sexual!”.
 
En el pequeño grupo se encontraban Nancy Cárdenas, Juan Jacobo Hernandez, Arturo Ramírez Juárez entre otros personajes junto a los grupos FHAR (frente Homosexual de Acción Revolucionaria), Lambda y Oikabeth.
 
Este movimiento permitió que al año siguiente se celebrara la primera marcha del orgullo en México. Y es por eso que todas y todos aquellos disidentes son dueños de nuestra memoria, nuestro movimiento tiene historia y todos esos recuerdos refrendan nuestro compromiso con la lucha.

Alebrije sin cabeza

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Mientras regreso a casa en el segundo piso del metrobús de reforma, veo la hermosa avenida donde convive nuestro glorioso pasado de cantera y piedra volcánica y la utopía neoliberal nopalera en forma de modernos rascacielos, entre monumentos a nuestros desaparecidos deambulan hombres y mujeres de traje negro, chicos besándose en los starbucks y gente paseando a sus perros, desde los roof salen helicópteros que transportan a políticos y empresarios de regreso a casa, los emprendedores burgueses en bicicleta y los funcionarios mediocres en sus autos de lujo. Todo marcha normal en este país bendecido por la virgen de Guadalupe y cubierto por el inmenso cielo azteca.

Por un momento pierdo el interés en las maravillosas luces de Reforma, en el instagram donde consumo el sueño aspiracional de cada día y me pregunto ¿Hay algo que pueda sorprendernos en un país donde se disuelven en ácido a 3 estudiantes? Esta nación es un monstruo pintando por artesanos maravillosos, se mueve sin control, tiene tantas caras, vive tantas realidades. Somos el alebrije que el extranjero compra y admira con asombro.

Y nosotros con nuestro activismo digital ¿que tanto somos capaces de hacer? Me siento incapaz, las situaciones nos rebasan y solo nos queda conformarnos y normalizar tan graves sucesos mientras tengamos comida, datos en el celular y ropa nueva. Bajo la mirada, regreso la atención al Instagram y me conformo con mis likes.

 

Efebo de polen antiguo

Efebo de polen antiguo

VIII

Vivo por el impulso de tu humedad y cuando con voz de secreto hablan los dos yo beso el blanco sonido para tus voraces piernas ese día bebí las nubes de tu pulpa ese mismo palpé que eras cuando me exigí abrir los ojos dentro de tus manos siempre un punzo un hilo profundo cruzó por el centro de mi infantil hambre del don

Arturo Ramírez Lara, “La vía púrpura”.