La conciencia del nuevo perreo.

Los paradigmas dominantes conforman nuestra percepción de lo que es bueno y lo que no. Es más fácil asimilar las letras y el ritmo que nos imponen con las ofertas que inundan nuestros dispositivos y acompañan nuestra cotidianidad, música producida por quienes tienen el poder y el dinero. Una industria donde los sneackers que vestimos y las drogas que consumimos tienen una relación directa, son modelos predictivos.

El reggaetón como género tiene una raíz más cercana a nuestras culturas que otros movimientos musicales, si bien sus máximos exponentes y letras distan mucho de la realidad latina y contribuyen a perpetuar prejuicios y discursos de violencia, también hay que reconocer que en el panorama actual es de los pocos que ofrecen expresiones diversas y propuestas más honestas con el presente. En la era digital, el reggaetón se transforma y exalta las diferencias de lo marginal, no como algo traumático si no como un concepto que valorizar. Lo que se convirtió en un producto de consumo masivo ahora tiene un hijo tullido, una herramienta para cuestionar y desmontar modelos impuestos, la parodia que disuelve, que formatea. El nuevo perreo es político, disidente y con infinitas posibilidades de cambio, es la nueva mestiza que habita desde Argentina hasta California.

Basta con escuchar el orgullo americano de Bomba estéreo, ejemplo claro es el video de “Amar así” que aborda el homo erotismo en un campo militar entre un chico afrocolombiano y un general mestizo (discursos interesantes y polémicos para Colombia), escuchar las crónicas queer de Mula, con especial atención en “espejos en las azoteas” donde nos hablan de un grupo armado de homosexuales y travestis en la República Dominicana de 1965 o la visibilidad de los cuerpos disidentes y la belleza ordinaria detrás de la fachada blanca y neoliberal chilena con Tomasa del Real y Talisto.

Una actitud descolonial da origen al trance andino de las letras de Cholita Sound y su artesanía electrónica, mientras en Argentina la voz lésbica y feminista brota de Chocolate Remix, pongamos atención en “ni una menos”. De vlogger a raperx, Sailor fag experimenta con un discurso contra la homofobia, el acoso y el machismo detrás de una polo acartonada y un axe chocolate, formula infalible para la frágil masculinidad mexicana. La denuncia de la doble moral occidental se escucha fuerte con los españoles de Mueveloreina y Tremenda jauría, mientras en la calles de Harlem, la nuyorikan princess Nokia hace eco de la migración, la herencia cultural y las tradiciones afrolatinas. Podríamos extendernos en otras propuestas, con Krudas cubensi, King Jedet, Sara Hebe, Kumbia Queers, Miss Bolivia y Rebeca Lane por nombras algunas.

Puede ser que no te guste, es más, puede ser que lo odies y que te parezca vulgar, un ruido profano más. Pero no nos vayamos por la tangente, no exageremos, pues no se trata de Bach y Haydn, se trata de la banda sonora que nos acompaña actualmente. El juicio que tenemos contra el perreo ¿no esconderá una lectura de clase y un sentimiento de inferioridad?, ¿Acaso la música pop o electro actual ofrece un movimiento de (auto) critica interesante?, ¿Es lo mismo hacer indie o rock con influencias anglosajonas y discursos de clase que reggaetón con re significación de conceptos y resistencia?.

El neo perreo es una autoafirmación contra la agresión y la falsa fachada de lo latino, toma el lujo utópico de Baldwin, el branding bisexual de Maluma, la divinización peroxidada de Ivy Queen y Shakira, transformándolo en un discurso contra lo estandarizado. Este reggaetón tiene estrías, no es heterosexual y no tiene una cuenta en Panamá (aunque quizás un par ya deben alcanzar la factura para abrirla). Es cuir porque se acepta raro e inadaptado, es sexual porque no niega su animalidad, no se anda con atisbos puristas pop como un Aleks Syntek y tampoco se queda en silencio frente a las situaciones del barrio iberoamericano. El nuevo reggaetón es agenciamiento y reinvindicación, pasa de un movimiento de nalgas y aviones privados a un mensaje con potencial transformador, una afirmación política compartida.

Splendido splendente

Come sono si vedrà
uomo o donna senza età
senza sesso crescerà
per la vita una splendente vanità

Escuchando la canción de Donatella Rettore titulada “Splendido splendente” me vinieron a la cabeza cuestionamientos acerca de la belleza y la juventud. El resultado de aspirar algunas lineas impactantes de este hit del italo disco lanzado en 1979 dió origen al siguiente texto.


Corría el año de 1895 cuando el bacteriólogo belga Émile Van Ermengem descubrió la toxina botulínica, la cual seria utilizada posteriormente para la industria del enlatado. En el siglo XVI se origina la cirugía estética como respuesta a las secuelas del sífilis. Posteriormente en el siglo XX se intensificará por la atención de heridas en la Primera Guerra Mundial.

El engaño moderno comenzará al vincular el bienestar psicológico con poseer un físico que cumpla con los estándares de belleza dominantes. Depresión, inseguridad y otros aspectos psicológicos son vistos con posibilidad de aliviarse por medio de la intervención quirúrgica. La armonía impuesta al alcance de la burguesía moderna.

Es importante también señalar la belleza como herramienta para el ascenso socioeconómico y la cultura de celebridades que reforzarán estás ideas en un momento de crisis global. Después de las guerras, las mujeres tienen que regresar al papel impuesto y sembrar la semilla de las sociedades postmodernas. Léanse conceptos como el new look de Dior en 1947 y la muñeca Barbie en 1958.

En pleno espíritu de las revoluciones y movimientos de contracultura de los sesenta en combinación con su alter ego fashion, se sentarán las bases de una vez por todas de la cultura de la juventud individualista. Lo que fue en sus inicios era ideal contestatario para derrocar el sistema y el conservadurismo se volverá una moda de minifaldas, libre sexualidad, utopias de paz y psicodelia, más consumo del cuerpo. Los setentas y los ochentas derrocharán músculos y una cultura del fitness como maquillaje a los estragos de crisis económicas y pandemias como el Sida. Un nuevo mercado que abriría sus puertas a la belleza de la juventud sin fin, con nuevas tecnologías aplicadas a la cosmética y la medicina. “es en el corazón del individualismo contestatario donde se halla el imperio de la moda como trampolín de las reinvindicaciones individualistas, reclamo de la libertad y realización privadas”(Lipovetsky, 1987, p.279).

Los lineamientos estéticos de los años noventa serán influenciados por una cultura youthful y de delgadez llevada a los extremos inspirados en los adictos a la heroína y porque no, salpicadas de desfachatada holística. El nuevo milenio iniciará con la aprobación del Botox para su uso a nivel cosmético y con progresos que permiten hacer de la cirugía estética una opción más asequible para más públicos.

Hoy, el mercado millenial se plantea diversos caminos donde convergen derechos humanos y genero, animales y la preocupación por el comercio justo y el medio ambiente,  sin embargo la sacralización del bienestar privado y la búsqueda de la belleza consume los bolsillos y anhelos de las generaciones inmersas en el consumismo, donde todos los días nos enfrentamos a estilos de vida dignas de perseguir en instagram.

¿Acaso no estamos viviendo quizás el momento de mayor libertad individual en la historia? No obstante, irónicamente una etapa de infelicidad profunda. Invitante, splendente, splendido splendente.

La corporeidad femenina y la censura

A propósito del Día Internacional de la Mujer a celebrarse el próximo 8 de marzo, los invito a reflexionar sobre las practicas negativas y prejuicios alrededor del sexo femenino.
Quiero comenzar con la corporeidad femenina, versus la censura y los neopuritanos ofendidos. Para hablar de igualdad de genero debemos acostumbrarnos a apreciar el cuerpo y respetar las expresiones estéticas, culturales y sociales que de éste emanen. Pero en esta sociedad postmoderna ahogada en el consumismo es más fácil sentirse ofendido por una escultura que por la portada de una celebrity en bolas.
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En un momento en la que la Mass-media alimenta a la población es importante hablar de como se comportan las redes sociales frente a la corporeidad. Recientemente Facebook censuró en una pagina personal, la figura de 29 500 años de la ‘Venus de Willendorf’, una de las obras de arte más expresivas del Paleolítico. Aunque la red social ha revisado sus políticas constantemente, no se han salvado del veto la “Little Mermaid” de Edvard Eriksen o “L’Origine du Monde” de Gustave Courbet. Es muy común que nos censuren fotografías y obras plásticas a quienes trabajamos en la estética de la anatomía.
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Dejando el plano digital, pasemos a la vida cotidiana donde han surgido movimientos y protestas para amamantar en público después de la desaprobación constante y hasta la consideración como delito por grupos conservadores. ¿Cual es la razón de censurar los pechos femeninos y no los masculinos?. La corporeidad es un lienzo blanco para el prejuicio, en el podemos dibujar la femineidad santificada ambivalente, elevar la vagina de la madre que nos parió, del pecho que nos alimentó pero siempre y cuando se mantengan en un plano controlado y puro.
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Un futbolista puede celebrar con el torso desnudo para recibir aprobación, una mujer con los senos al aire provoca desconcierto, reprobación y castigo. Para las mujeres, asegurar su cuota de respeto implica separarse de su corporeidad o reducirlo como una herramienta para el ascenso social y económico. Un hombre puede demostrar poder con solo insinuar el tamaño de su pene pero una mujer que deje ver su vagina será sometida al escrutinio publico y moral, será vista como una puta, un objeto de consumo sexual.
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El cuerpo está cargados de simbolismos, y si queremos igualdad tenemos que abrir discusiones y hablar de censura, de los genitales culturales, de los lugares comunes asignados a la corporeidad femenina. Solo así podremos celebrar el Día Internacional de la Mujer y no convertirlo en una cuota mas de mercado para productos color rosa.

Sueños peróxidos

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“Pareciera que la alquimia que transmuta el barro latino en oro nórdico, anula el erial mestizo oxigenando las mechas tiesas de Latinoamérica. Como si en este aclarado se evaporaran por arte de magia las carencias económicas, los dolores de raza y clase que el indiaje blanqueado amortigua en el laboratorio de encubrimiento social de la peluquería, donde el coliza va coloreando su sueño cinematográfico en las ojeras grises de la utopía tercermundista.”
 
Pedro Lemebel. La esquina es mi corazón, Fragmento. 
 

En México, según la última Encuesta Nacional sobre Discriminación en México realizada por la CONAPRED, el 55% de los entrevistados mencionó que en el país se insulta a los demás por su color de piel.
La Encuesta Nacional de Indígenas, elaborada por la UNAM, donde se midió la percepción de los no indígenas sobre quienes sí lo son, arrojó que el 51.2 por ciento creen que el color de piel influye en el trato que se le da a las personas.
Cito a Pedro Lemebel, fenómeno chileno quien fue capaz de desnudar a las patéticas sociedades latinoamericanas con su obra de gran belleza y cruda realidad. También haciendo un guiño hacia nuestra cultura que de Chile a California, es hermanada por ese cariño al peróxido y a los blanqueadores de piel.
Somos una Latinoamérica unida, que se regodea de su riqueza multicultural, siempre y cuando podamos maquillarla o teñirla ¿no creen?.

Cultura narcisista

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Annie Leibovitz. “Kim Kardashian, North West, and Kanye West, Los Angeles, 2014”.

La sociedad cuyo valor cardinal es la felicidad de masa arrastrada ineluctablemente a producir y consumir a gran escala signos adaptados a ese nuevo ethos, es decir mensajes alegres, felices, aptos para proporcionar en cualquier momento y para la mayoría una prima de satisfacción directa.
¿De que podemos ocuparnos seriamente hoy en día, como no sea de nuestro equilibrio físico y psíquico? Cuando los ritos, costumbres y tradiciones agonizan, cuando todo flota en un espacio paródico, aumentan la obsesión y las prácticas narcisistas, las únicas aún revestidas de una dignidad ceremonial.
Gilles Lipovetsky, “La era del Vacío”.