La conciencia y la realidad

“La conciencia vive en el cerebro del mismo modo que el movimiento vive en los músculos. ¿En qué músculo? En todos, y en la interacción entre ellos. He de decirle que sin realidad no hay conciencia, si definimos como realidad el mundo que nos rodea. Sin este mundo de la realidad el cerebro no existiría pues es parte de ella”.

Palabras del neurobiólogo Rodolfo Llinás (Bogotá, 1934) en entrevista a el periódico digital “El Cultural”, 23 de enero del 2003.

Efebo de polen antiguo

Efebo de polen antiguo

VIII

Vivo por el impulso de tu humedad y cuando con voz de secreto hablan los dos yo beso el blanco sonido para tus voraces piernas ese día bebí las nubes de tu pulpa ese mismo palpé que eras cuando me exigí abrir los ojos dentro de tus manos siempre un punzo un hilo profundo cruzó por el centro de mi infantil hambre del don

Arturo Ramírez Lara, “La vía púrpura”.

Eres vitalismo y pesimismo

El paseo I

El único destino seguro es la muerte, la muerte nos concierne a todos. Nos otorga la vida eterna en el recuerdo de los vivos pero también la inevitable desaparición de todo lo que amamos. Es por eso que eres vitalismo y también pesimismo.

Siempre presentí que vivirías eternamente en todo lo que me rodea, en la brisa salada de la ría y los paseos interminables en autobús, en los pisos envejecidos y las cortinas floreadas de aquellas casas olvidadas, en las grandes gafas de pasta multicolor y la fantasía, en las ofrendas a tus muertos y en la belleza de los vivos.

El único hubiera que puedo permitirme, me lo permito en sueños, en ellos puedo imaginar cómo hubiera sido el ahora si estuvieras tú.

 

Infancia recobrada

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Infancia Recobrada, 2017. Acuarela sobre papel de algodón. 

Remontémonos, si es posible, por medio de la imaginación retrospectiva, a nuestras impresiones más tempranas, aurorales; reconoceremos que guardan un parentesco singular con las impresiones, vivamente matizadas, que tuvimos más tarde tras una enfermedad física, siempre y cuando esta no perturbara nuestras facultades espirituales. El niño ve en todo novedad; está siempre ebrio. Nada se parece tanto a lo que llamamos inspiración como la dicha con que el niño absorbe la forma y el color.

Charles Baudelaire. El pintor de la vida moderna, Fragmento.

Ojos de flor

Hay situaciones que te hacen sentir mas vulnerable que el estar desnudo, representarte desde el origen y evocar memorias infantiles, el descubrimiento de sí mismo como un ser sensible, reconocer que desde el principio sabías que te entregarías a las cosas bellas y decadentes. Esto fue lo que ocurrió con mi ultimo trabajo.

Descubrir un poema de Alfredo Espinosa Quintero, me permitió observar con detenimiento mi pasado en uniforme de escuela católica, regresé a mirar a través de unos ojos de flor de ciricote. Tal y como lo hacía cuando me ocultaba en el patio de mi casa para pintar, para observar el aplastante cielo azul maya y soñar.

Flor de ciricote triptico I

La palabra joto

siempre logra que un niño se esconda

y salga de sus ojos disfrazados. Y salga

menos joto. Cuidando los ojos

y los que miran los ojos.

imitando, aprendiendo,

militarizando el vuelo de las manos:

su certeza de pájaros navieros

sobre el mundo que queda, que se hace olas.

Flor de ciricote triptico II

El miedo no es una escena única,

un vocablo aislado,

una sola cosa. O sombra que pasa.

El miedo

es una escuela con muchos niños.

Un patio de recreo.

Una persona que no quiere ser persona

y se queda en el salón de clase

escondiendo

un ratón blanco en el bolsillo del suéter, o en las mangas del

        suéter.

Flor de ciricote triptico III

Que le abran los ojos a mamá

como una niña se los abriría a la abuela que finge dormir,

y me viera;

eso es el miedo.

Que tus hermanas descubran

que en la secundaria

te gritan colores rosas cuando pasas cerca.

La palabra joto

es un niño que siempre alguien está por descubrir

y tiene miedo. Y solo un ratón caminando

por las mangas del suéter.

Alfredo Espinosa Quintero, Joto. Fragmentos.

El saberse diferente, entre puertas y ventanas.

Cuando comencé el proyecto de “Miradas Calizas”, tuve dos cuestionamientos. El primero fue acerca de mi trabajo, el cual siempre se centra en el cuerpo y el rostro, en su belleza y la vulnerabilidad de la piel. El segundo era acerca del significado que le daba a las raíces culturales, a los orígenes.

El concepto de vulnerabilidad y del origen, me llevaron a un repaso de mi infancia en el sur de Mexico. Un intimo reflejo de mis miedos y de la construcción de una atmósfera alterna que desde pequeño fui construyendo para evadir la verdadera realidad.

Puerta de tierra

Puerta de Tierra. 2017. Impresión digital, acuarela y tinta china sobre papel de algodón.

Entonces uno se conforma

Poco a poco se acomoda a la rutina 

que aniquila este deseo de ser alguien,

la tristeza de llegar a serlo.

Sigue un lento remar sin pausa. 

 

Rodolfo Lara Mendoza, Fragmento. 

Puerta de mar

Puerta de Mar. 2017. Impresión digital, acuarela y tinta china sobre papel de algodón.

Miradas Calizas me hizo volver a las calles de Campeche, de los barrios de San Francisco, de San Román y de Guadalupe, enamorarme una vez mas de Lerma. De encontrarme con esas puertas y ventanas que siempre permanecen cerradas, de sus muros que la humedad intenta derruir y que el tiempo pinta con gran experiencia, de los pisos de pasta que solo mi infantil mirada baja me permitía apreciar.

historia de una ventana

Historia de una ventana. 2017. Impresión digital, acuarela y tinta china sobre papel de algodón.

La melancolía es el tema que subyace en todo lo que pinto, los colores intensos vienen de mi bandera, las patinas de mis experiencias. El cuerpo y el rostro solo es un medio para expresarlo, para darle forma a la belleza que no oculta sus pasiones, sus temores y su historia.