Miedo

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No es necesario que razones, que cuestiones, que resistas, que transformes. No permitas que la duda corrompa tus ideales, aquellos que desde niñx te impusieron y que ahora tu impones desde el privilegio de ser lo “normal”.
En algunos momentos de perspicacia, admites que esas normas son irrealizables e idealizables y recuerdas que conforme creciste, te diste cuenta que eran imposibles de sostener, aprendiste a sobrellevarlas y disfrazarlas, a caminar en la oscuridad de los vacíos de aquella ley moral. Pero no te educaron para ser la “otredad”, por eso prefieres el silencio y la gobernabilidad.
Sabes muy bien que lo “diferente” conduce al señalamiento, y por ende a la angustia y al rechazo. Es por eso que tu vida se sostiene en el ideal más que en la realización, sabes muy bien que el encargo es imposible pero la hipocresía es mas amable que la conciencia.
Tienes miedo de transformarte, de encontrarte.

Vivir, acostumbrándose a morir.

Vivir, acostumbrándose a morir. Acrílico, tinta y grafito sobre tela, 2018.

La moral de los seres bellos consiste en poder sustraerse a todo deber. La belleza no tiene tiempo de ser responsable cada vez que se manifiesta la influencia de su fuerza imprevisible. La belleza no tiene tiempo de pensar en la felicidad, y todavía menos en la felicidad ajena… Pero es precisamente por eso por lo que la belleza tiene el poder de hacer feliz a quien está preparado para morir sufriendo.

Yukio Mishima, El color prohibido, 1951.

Desde las hipócritas formas sociales en las que estamos embebidos, a veces asoman momentos de lucidez y renunciamos al control. Esta pérdida de poder nos conduce a experimentar un hermoso olvido de sí mismo, y es en esa disolución del ego donde la fuerza subversiva nos lleva al edén perdido.

Es por eso que insisto, hay que vivir, acostumbrándose a morir.

La conciencia y la realidad

“La conciencia vive en el cerebro del mismo modo que el movimiento vive en los músculos. ¿En qué músculo? En todos, y en la interacción entre ellos. He de decirle que sin realidad no hay conciencia, si definimos como realidad el mundo que nos rodea. Sin este mundo de la realidad el cerebro no existiría pues es parte de ella”.

Palabras del neurobiólogo Rodolfo Llinás (Bogotá, 1934) en entrevista a el periódico digital “El Cultural”, 23 de enero del 2003.

Splendido splendente

Come sono si vedrà
uomo o donna senza età
senza sesso crescerà
per la vita una splendente vanità

Escuchando la canción de Donatella Rettore titulada “Splendido splendente” me vinieron a la cabeza cuestionamientos acerca de la belleza y la juventud. El resultado de aspirar algunas lineas impactantes de este hit del italo disco lanzado en 1979 dió origen al siguiente texto.


Corría el año de 1895 cuando el bacteriólogo belga Émile Van Ermengem descubrió la toxina botulínica, la cual seria utilizada posteriormente para la industria del enlatado. En el siglo XVI se origina la cirugía estética como respuesta a las secuelas del sífilis. Posteriormente en el siglo XX se intensificará por la atención de heridas en la Primera Guerra Mundial.

El engaño moderno comenzará al vincular el bienestar psicológico con poseer un físico que cumpla con los estándares de belleza dominantes. Depresión, inseguridad y otros aspectos psicológicos son vistos con posibilidad de aliviarse por medio de la intervención quirúrgica. La armonía impuesta al alcance de la burguesía moderna.

Es importante también señalar la belleza como herramienta para el ascenso socioeconómico y la cultura de celebridades que reforzarán estás ideas en un momento de crisis global. Después de las guerras, las mujeres tienen que regresar al papel impuesto y sembrar la semilla de las sociedades postmodernas. Léanse conceptos como el new look de Dior en 1947 y la muñeca Barbie en 1958.

En pleno espíritu de las revoluciones y movimientos de contracultura de los sesenta en combinación con su alter ego fashion, se sentarán las bases de una vez por todas de la cultura de la juventud individualista. Lo que fue en sus inicios era ideal contestatario para derrocar el sistema y el conservadurismo se volverá una moda de minifaldas, libre sexualidad, utopias de paz y psicodelia, más consumo del cuerpo. Los setentas y los ochentas derrocharán músculos y una cultura del fitness como maquillaje a los estragos de crisis económicas y pandemias como el Sida. Un nuevo mercado que abriría sus puertas a la belleza de la juventud sin fin, con nuevas tecnologías aplicadas a la cosmética y la medicina. “es en el corazón del individualismo contestatario donde se halla el imperio de la moda como trampolín de las reinvindicaciones individualistas, reclamo de la libertad y realización privadas”(Lipovetsky, 1987, p.279).

Los lineamientos estéticos de los años noventa serán influenciados por una cultura youthful y de delgadez llevada a los extremos inspirados en los adictos a la heroína y porque no, salpicadas de desfachatada holística. El nuevo milenio iniciará con la aprobación del Botox para su uso a nivel cosmético y con progresos que permiten hacer de la cirugía estética una opción más asequible para más públicos.

Hoy, el mercado millenial se plantea diversos caminos donde convergen derechos humanos y genero, animales y la preocupación por el comercio justo y el medio ambiente,  sin embargo la sacralización del bienestar privado y la búsqueda de la belleza consume los bolsillos y anhelos de las generaciones inmersas en el consumismo, donde todos los días nos enfrentamos a estilos de vida dignas de perseguir en instagram.

¿Acaso no estamos viviendo quizás el momento de mayor libertad individual en la historia? No obstante, irónicamente una etapa de infelicidad profunda. Invitante, splendente, splendido splendente.

Alebrije sin cabeza

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Mientras regreso a casa en el segundo piso del metrobús de reforma, veo la hermosa avenida donde convive nuestro glorioso pasado de cantera y piedra volcánica y la utopía neoliberal nopalera en forma de modernos rascacielos, entre monumentos a nuestros desaparecidos deambulan hombres y mujeres de traje negro, chicos besándose en los starbucks y gente paseando a sus perros, desde los roof salen helicópteros que transportan a políticos y empresarios de regreso a casa, los emprendedores burgueses en bicicleta y los funcionarios mediocres en sus autos de lujo. Todo marcha normal en este país bendecido por la virgen de Guadalupe y cubierto por el inmenso cielo azteca.

Por un momento pierdo el interés en las maravillosas luces de Reforma, en el instagram donde consumo el sueño aspiracional de cada día y me pregunto ¿Hay algo que pueda sorprendernos en un país donde se disuelven en ácido a 3 estudiantes? Esta nación es un monstruo pintando por artesanos maravillosos, se mueve sin control, tiene tantas caras, vive tantas realidades. Somos el alebrije que el extranjero compra y admira con asombro.

Y nosotros con nuestro activismo digital ¿que tanto somos capaces de hacer? Me siento incapaz, las situaciones nos rebasan y solo nos queda conformarnos y normalizar tan graves sucesos mientras tengamos comida, datos en el celular y ropa nueva. Bajo la mirada, regreso la atención al Instagram y me conformo con mis likes.

 

El mal mundo

el mal mundo

“El mal mundo”, Pasteles y acrilico en aerosol sobre papel de algodón.

Platicando con amigos de sus romances, me vienen pensamientos e imágenes a la mente que he construido en el ideal del dramatismo y la sensualidad. En cierta manera me defino como un ser de soledad que necesita compañía y la belleza ideal del mito, buscando razones y argumentos todos los días entre el gimnasio y el supermercado. En el mal mundo, Luis Antonio de Villena escribe los siguientes ejemplos:

Son muchos los que confunden las maneras del amor. Y es lógico. La vida de casi todos es corta y breve (en intensidad y en tiempo) y la mayoría nos movemos entre grisuras confortables.

La pasión amorosa absoluta no es familiar, ni continuista, ni hogareña, ni puede -jamás- tener futuro. Nadie lo resistiría. Ni los místicos lo han hecho.

Haber deseado hasta las uñas de sus pies, hasta sus pelos todos, me ha salvado la vida y la pureza. Aquel terror fue mi futuro por que no hay espíritu. La tranquilidad no llega, probablemente, sin algún rito oscuro. Sin el abismo que fructifica.

Que mas da si tenemos que viajar a Londres y depositar ese anhelo cada 3 meses, o tratar de encontrar la historia que encenderá la llama eterna del corazón en horas laborales o mientras cansados regresamos a casa en el metro eligiendo al efebo en una aplicación digital. Hay cambios en los formatos, pero seguimos luchando entre el anhelo y el instinto. Luis González de Alba se refiere al amor en Cuchillo de doble filo:

Es un velo que nos encubre que no hay sino dolor en el supuesto, siempre falso, de que tras el desierto llegamos al oasis esperado. Es falso que el amor exista y es falso que no exista. Mas bien pertenece a lo inefable, a lo que se quiebra cuando le buscamos definiciones.

No queremos hablar de amor, preferimos hablar mejor de erotismo y de pasión. Es sin duda mas fácil o quizás no es fácil, pero si un concepto que fluye y que parece nublar la consciencia ante lo irremediable. González de Alba escribe:

Podemos decir con cierta verdad, que el amor erótico se enciende con la facilidad con que se apaga. A veces no, no se apaga, entonces se transforma y así dura años, en ocasiones la vida entera. La pasión termina, luego se construye el amor, lentamente. A veces surge la pasión como un incendio, fulgurante, insoportable, con dolor físico ante la ausencia.  No siempre es así.

Habría que dedicarle toda una vida para entender a este mal mundo, a sus amores y sus pasiones. Dejamos de lado la política y la religión, no nos importan los hijos ni los  derechos animales, el trabajo deja de tener importancia en esta civilización neoliberal y nos reducimos a ser idiotas idealistas en busca de los significados. Sólo somos unos niños jugando a ser “grandes”, tal cual lo vimos en el cine cuando soñábamos a ser adultos.

El verdadero espíritu es perder.

El milagro

A muchos de nosotros nos aleccionaron en una doctrina que espera un fin próximo y catastrófico, apocalíptico y que buena parte viviremos para presenciarlo. Durante ese camino que llamamos vida elegimos (o nos inculcan) vivir con amor, con virtud y con espíritu. Han pasado 2018 años después de Cristo y esas concepciones se transforman y se adaptan para entenderlas desde diferentes situaciones sociales, culturales, políticas y económicas. Este mundo no se acabó, todos los días las mentes científicas nos enfrentan a nuevos universos y aún así seguimos renovando aquel pensamiento.

Cada uno de nosotros le es deudor de lo que tiene de mejor en sí. Perdonémosle su esperanza en su vano Apocalipsis, en un advenimiento a todo triunfo sobre las nubes. Quizás era un error de los demás tanto como el suyo y, si es cierto que él participaba en la ilusión colectiva en la ilusión colectiva, qué importa, ya que su sueño lo ha vuelto fuerte contra la muerte y lo ha sostenido en una lucha que, sin tal idea, le habría sido desigual.

Ernst Renán

Y fue así como se construyó la idea de que la generosidad y el idealismo llega cuando estamos convencidos de que está próximo el fin. Nuestra inevitable muerte personal se refleja en la tragedia de los demás, en la enfermedad, en la pobreza y la desgracia. Inyectados esos temores, tenemos que vivir la vida con la moral de quien esta condenado a muerte. Desarrollados los sentimientos de angustia nace el idealismo de la trascendencia, del más allá. Y solo nos queda esperar el milagro.

Leo a Renán, Leo a Nietzche, leo menos a San Pablo y me cautiva aun más la figura de Jesús. Por que veo en él a un anarquista decadente y sin maldad, a un revolucionario apasionado, a un anormal de sus contemporáneos que desvanece instituciones en lugar de buscar la pertenencia.

El verdadero espíritu de que para poseer hay que renunciar.